Jorge Varela

Cultura del orden y prioridades

El ethos del partido gobernante en Chile

Cultura del orden y prioridades
Jorge Varela
01 de julio del 2026

 

El gobernante Partido Republicano chileno ha publicitado un conjunto de principios que definen su ethos: derecho a la vida, libertad, bien, verdad, trascendencia, preponderancia de la familia. Se trata de una plataforma fundada en la persona y la familia. Pero, si las instituciones encargadas del rumbo macroeconómico del país no incorporan tal marco como criterio de dicha orientación inspiradora, “lo que resulte será, en el mejor de los casos, un gobierno con buenos propósitos sociales” y una política económica que termina por erosionarlos.

Otro enfoque convergente ha señalado: “un gobierno de derecha que presume de defender la nación, la familia, el orden moral, ha terminado por organizar toda su identidad pública en torno al crecimiento, la tasa de primera categoría y el techo de la deuda”. Conste –precisa el texto– que el programa no carece de otros objetivos: trae seguridad, permisología, incluso gestos hacia el rol de la familia. Pero una cosa es el contenido y otra la jerarquía. “El reproche no es que el gobierno haga poco fuera de la economía, sino que sólo dispone de un idioma para contar lo que hace, y a ese idioma lo traduce todo. Combate así el materialismo del adversario con un materialismo rival”.

 

El orden como carencia 

El asunto radicaría entonces, en cómo ordenar la casa. El diagnóstico precedente expone que las ideas o elementos mencionados no se han dispuesto de modo armónico y estratégico funcional, en un tiempo y espacio específicos, lo que afecta la aplicación de algunas políticas, desequilibra su buen funcionamiento y puede echar abajo hasta la estructura misma del sistema en cuestión. 

El concepto “orden” ha sido definido como: “colocación de las cosas en el lugar que corresponde”; “concierto, buena disposición de las cosas entre sí”. En este asunto, ¿qué es lo observable?: ¿una condición de desorden?,¿una situación cercana al caos? El orden –se sabe– es la antípoda del caos. 

Desde otro organismo se ha escrito que “sin orden no hay libertad”, para enseguida enfatizar que se está ante “un proyecto político conservador o liberal conservador, de inspiración cristiana tradicional” (Instituto de Estudios Sociales).

Habrá pues, que esperar un tiempo razonable para verificar si esta formulación ‘republicana’ de principios se lleva a la práctica y se concreta la matriz orientadora del proyecto. Recuerde que el pasado es un subterráneo tapizado de túneles que guardan estanterías repletas de ideas, programas y manifiestos que la historia archivó, protegiéndolos con el polvo del olvido, para alimentar polillas y termitas.

 

Una cultura del orden

El subsecretario del Interior Máximo Pavez, ha dicho que un objetivo del Gobierno es “que vuelva la cultura del orden”. A juicio del articulista Carlos Peña, “se trata de un propósito valioso y compartido”. Sin embargo, para dilucidar qué pudiera significar el restablecimiento de una cultura del orden, “quizá sea necesario distinguir” el orden sinónimo de “tráfico social inmediato y el orden en sentido cultural”.

En opinión del académico, el tráfico social está referido a un ámbito de la vida colectiva supeditado por costumbres o modos de cortesía relativos al buen comportamiento, conocidos como buenos modales, formas adecuadas de interacción respetuosa con las demás personas que fortalecen el principio de dignidad de la existencia propia y la de todos los seres. En tanto el orden en sentido cultural y ético requiere convicción acendrada por parte de quienes conforman una determinada sociedad y adhieren a bienes compartidos que se consideran básico-superiores, provenientes de su espíritu interior. En nuestra visión, es un orden que deriva de la conciencia misma.

 

La libertad en orden 

“Construir una cultura del orden que vaya más allá de ordenar el tráfico social, exige un esfuerzo mayor que supone restaurar, sin sacrificio de la libertad, formas de sociabilidad que se han deteriorado, como la familia o la autoridad en la escuela, y cuyo reverso es el extendido proceso de individuación y autonomía que se ha experimentado”.

Peña postula que “la libertad solo es posible si existe un mínimo orden en el tráfico social”; y afirma que: “en Chile, no cabe duda, el orden se ha deteriorado en esos dos sentidos”, arriba descritos. Que Carlos Peña, cuyo pensamiento y opiniones se nutren de la vertiente filosófica autonómica kantiana, entre otras, sostenga con evidente cautela que como sociedad estamos experimentado un proceso de las características indicadas es un reconocimiento que no deja de sorprender. Es posible que haya querido omitir la palabra “retroceso”.

Jorge Varela
01 de julio del 2026

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