Javier Agreda

Fernando Ampuero: la construcción de un cuentista

Reseña crítica del libro “Última parada. Cuentos selectos” de Fernando Ampuero

Fernando Ampuero: la construcción de un cuentista
Javier Agreda
02 de julio del 2026

 

Con la publicación de Última parada. Cuentos selectos (Tusquets, 2026), Fernando Ampuero (Lima, 1949) reúne en un solo volumen más de cinco décadas de trabajo como cuentista. La extensa antología —que supera las quinientas páginas e incluye casi cincuenta relatos— permite apreciar con claridad la evolución de una de las voces más reconocibles del cuento peruano contemporáneo. Leída en conjunto, la obra confirma las virtudes que han convertido a Ampuero en un autor de referencia dentro de las letras peruanas de hoy.

Son pocos los narradores capaces de combinar imaginación, dominio técnico, sentido del ritmo y una sostenida capacidad de observación de la conducta humana. Ampuero ha cultivado esas cualidades de manera progresiva, desde Paren el mundo que aquí me bajo (1972) hasta Tanta vida yo te di (2024), afinando con los años un estilo que privilegia la claridad narrativa por encima del virtuosismo formal. El resultado es una obra que ha ganado un amplio número de lectores y que atesora ya varios relatos que hoy se cuentan entre los clásicos del género en el país.

El giro decisivo se produce con Malos modales (1994). Los relatos iniciales de Ampuero —más extensos y, en ocasiones, bastante dispersos, como el aquí incluido "Paren el mundo que aquí me bajo"— ceden paso a historias construidas con mayor economía de recursos y una notable eficacia. Cuentos como "El departamento", "Taxi driver sin Robert de Niro" o "Malos modales" revelan a un autor que ha comprendido que la fuerza de un relato reside menos en la complejidad de la escritura que en la precisión con que se administra la información y se conduce al lector hacia el desenlace.

Una de las mayores virtudes de Ampuero es su capacidad para transformar leyendas urbanas, episodios cotidianos o situaciones aparentemente comunes en historias originales y dotadas de tensión narrativa. Muchas de ellas dan la impresión de pertenecer a esa zona ambigua donde el rumor popular y la experiencia personal terminan confundiéndose. Para lograr ese efecto, el autor suele introducir observaciones que ponen en duda la propia verosimilitud del relato y, sobre todo, construye atmósferas convincentes mediante la acumulación de detalles secundarios: personajes fugaces, conversaciones laterales, objetos insólitos o situaciones que terminan otorgando espesor a la ficción.

El humor es otro de los rasgos constantes de esta obra. Pero no se trata de un humor orientado únicamente a provocar la risa, sino de un mecanismo que le permite al autor enfrentar lo absurdo, invertir jerarquías y poner en evidencia las contradicciones de sus personajes. Esa tendencia alcanza uno de sus momentos más logrados en Bicho raro (1996), libro atravesado por personajes que buscan la belleza o la excepcionalidad en un entorno dominado por el pragmatismo y las convenciones sociales. Allí aparecen algunos de los mejores cuentos de Ampuero, aunque también se hacen visibles ciertos problemas que volverán a repetirse más adelante.

El principal de ellos es el empleo de estereotipos, sobre todo en la caracterización de los personajes femeninos y de algunos protagonistas pertenecientes a los sectores acomodados de Lima. En Mujeres difíciles, hombres benditos (2005), las mujeres aparecen definidas prioritariamente por su atractivo físico o por su carácter imprevisible, mientras los hombres adoptan el papel de observadores perplejos ante un universo femenino que nunca terminan de comprender. A ello se suma, en esos mismos personajes masculinos, una fascinación permanente por la cultura, el refinamiento y determinadas formas de belleza. Estos recursos funcionan bien en algunas historias, pero en otras reducen la complejidad psicológica de los personajes y los acercan peligrosamente al lugar común.

Sin embargo, Última parada permite comprobar que esa fórmula ha experimentado una interesante evolución en los cuentos más recientes. En relatos como "Tanta vida yo te di" o "Los amores canallas", el interés ya no se concentra únicamente en la sorpresa final o en el ingenio de la trama, sino también en cuestiones como la vejez, la memoria, el desgaste moral o las contradicciones de una generación que observa con distancia crítica el mundo que ayudó a construir. Sin abandonar la prosa limpia y la estructura clásica que siempre lo han caracterizado, Ampuero incorpora ahora una dimensión reflexiva que enriquece notablemente sus mejores páginas.

Como ocurre en toda trayectoria extensa, no todos los relatos de Ampuero alcanzan el mismo nivel: hay textos menores, personajes demasiado esquemáticos y algunos desenlaces previsibles. Pero esas irregularidades no disminuyen el valor del conjunto. Pocos cuentistas peruanos han construido un universo de ficción tan coherente o han producido un número semejante de relatos destinados a permanecer en la memoria de los lectores. Última parada confirma, en definitiva, la importancia de Fernando Ampuero dentro de la narrativa peruana actual.

Javier Agreda
02 de julio del 2026

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