Piero Gayozzo
La evolución de la guerra: la Cuarta Revolución Industrial
El uso de drones y los ciberataques están cambiando las estrategias bélicas

El 27 de septiembre del 2020 gran parte del mundo vivía había acordado confinar a sus ciudadanos para evitar contagios masivos debido a la aparición del covid-19. Sin embargo, en el Cáucaso se libraba una batalla: Armenia y Azerbaiyán enfrentaban a sus ejércitos en lo que fue un episodio más de un conflicto étnico y de una disputa territorial que data de las épocas previas a sus respectivas anexiones a la Unión Soviética.
Lo importante de aquel encuentro militar fue la implementación masiva de los drones como armamento eficaz contra los tanques y las torretas de defensa. Pero los drones o unidades voladoras no tripuladas y las telecomunicaciones no son la única tecnología que ha renovado la guerra. El 2007 Estonia sufrió un ciberataque desde Rusia luego de que sus autoridades acordaran retirar un monumento soviético. Algo similar ocurrió en Georgia antes de la invasión rusa del territorio de Osetia del Sur. En diciembre del 2015, al iniciar la guerra de Ucrania, Rusia lanzó un ciberataque que dejó sin energía eléctrica a una gran cantidad de personas. Todas estas novedades son producto de una todavía no desplegada Cuarta Revolución Industrial.
La Cuarta Revolución Industrial es un conjunto de transformaciones sociales que son provocadas por tecnologías que parecen propias de la ciencia ficción. Por ejemplo, las biotecnologías, como la ingeniería genética o las técnicas de cultivo celular; las nanotecnologías, como el grafeno o los Smart Materials; tecnologías de la información, como los sistemas de inteligencia artificial, la conectividad 5G o el blockchain. Se trata de tecnologías con capacidad de modificar lo que hacemos, cómo lo hacemos y el quiénes somos.
La Cuarta Revolución Industrial trae consigo grandes promesas, como la automatización de múltiples tareas, procesos de gestión y análisis de datos. Proyectos de salud preventivos, como la eugenesia, curativos, como los órganos cultivados, y de mejoramiento genético de nuestras capacidades. Sin embargo, también trae consigo ciertos peligros y no estamos hablando de las teorías conspirativas de cómo podría alterar las dinámicas de la guerra.
Un breve recorrido alrededor de la evolución de la guerra nos lleva a la teorización de las cuatro etapas de la guerra moderna. La primera generación de guerra inició con la Paz de Westfalia (1648). En esta época los ejércitos se organizaban en líneas y columnas frente a frente en un campo abierto con reglas formales. Esto debido a las tecnologías que empleaban. Las guerras napoleónicas son el mejor ejemplo de esto. La segunda generación de la guerra se evidenció en la Primera Guerra Mundial, conflicto en el que los nuevos tipos de artillería y armamento dejaron obsoleta la formación en columnas y aparecieron más bien las trincheras. Era una guerra de posiciones y desgaste. La tercera generación de la guerra incorporó nuevas tácticas de agresión móvil y rápida para romper las líneas del enemigo y desarticularlo velozmente.
El uso de unidades aerotransportadas (paracaidistas), aviones y tanques jugó un papel crucial. Un ejemplo célebre de este tipo de guerra es la Blitzkrieg o guerra relámpago alemana. Existe una cuarta generación de la guerra en la cual los actores en conflicto ya no son necesariamente estados, sino guerrillas, grupos terroristas e insurgentes. En este nuevo tipo de conflicto se incluye el uso de estrategias discursivas, es decir, se despliega una guerra que trasciende el choque bélico para hacer uso intensivo de la propaganda, se trata de una guerra psicológica. Las líneas divisorias entre el campo de batalla y la ciudad desaparecen. El enemigo y los combatientes se infiltran entre los civiles. Suelen ser conflictos prolongados y difíciles de ganar. Un ejemplo temprano es la guerra de Vietnam y casos contemporáneos la guerra contra Al Qaeda, ISIS y los talibanes.
La explicación de cuál será la nueva dinámica de la guerra en el siglo XXI, tomando en consideración los adelantos tecnológicos de vanguardia, es disputada por tres teorías: la Quinta Generación de la Guerra de Robert David Steele, la Guerra Híbrida de Frank Hoffman y el Conflicto en Zonas Grises de Michael Mazarr. Cualquiera de las anteriores coincide en que nuevos terrenos de lucha serán de carácter difuso, como el mundo digital o la batalla de ideas (cultural), y en ellos se aplicarán las más avanzadas tecnologías, las cuales podrían incluir patógenos artificiales (no olvidemos que el 2001 se usó el ántrax en actividades bioterroristas contra funcionarios de Estados Unidos), hackeos masivos de smart cities, vigilancia y manipulación (nudges), deep fakes, noticias falsas, clonación de identidades, vehículos autónomos, entre muchas otras. Todas estas estrategias crearán estados de incertidumbre en los que diferenciar entre la paz y la guerra podría ser algo complejo. Si a este panorama le incluimos los avances en inteligencia artificial, computación cuántica e interfaces cerebro-computadora, el escenario bélico podría complejizarse aún más.
La Guerra en la Cuarta Revolución Industrial podría alejarse de los campos de batalla fantásticos de Star Wars o cualquier serie futurista para aproximarse a difusos enfrentamientos librados desde las sombras y, en sus manifestaciones más evidentes, mediante insurgencias localizadas. Aunque la guerra en Ucrania podría sugerir que los frentes de batalla extensos y la lucha por territorio sigue vigente, el uso de drones y los ciberataques del gobierno ruso son muestra de la necesidad de evolucionar las tácticas de combate para no quedarse atrás. Al final de cuentas, la Cuarta Revolución Industrial recién está comenzando.
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