Jorge Varela

La idea de progreso moral

Creencia, ilusión, perspectiva, deber o cuestión de preferencia

La idea de progreso moral
Jorge Varela
03 de febrero del 2026

 

El progreso, como idea moral social, es un rasgo característico del siglo XIX. Una de las corrientes de pensamiento que lo ensalzó es la filosofía positivista de Augusto Comte, quien proclamaba: “el amor como principio, el orden como base, el progreso como fin”. 

¿Qué significa la palabra progreso? Etimológicamente proviene del latín pro (hacia adelante) y gradi (paso). Progresar es ir hacia adelante. Para John Gray, investigador del MIT, la idea de progreso implica que el avance científico influya en la moral y la política. Es decir, esta idea nos remite a la creencia de que la acumulación de conocimientos científicos va de la mano del mejoramiento de la condición humana, en tanto que el conocimiento nos hará más racionales y más libres. En este sentido “la noción de progreso está asociada al tiempo futuro, al tiempo por venir”. 

La palabra ‘progreso’ es un concepto articulador envolvente que permite sueños, proyectos, engaños y fracasos. Según Hannah Arendt: “la idea de progreso” surgida el siglo XVII, “se convirtió en un dogma casi universalmente aceptado en el siglo XIX”. El progreso -desde este punto de vista- “proporciona la respuesta a una pregunta inquietante: ¿qué debemos hacer ahora?”. 

 

Debate sobre la idea de progreso 

El debate acerca de la idea de progreso, iniciado desde la Ilustración, continúa vigente. Para analizarlo se ha acudido a Immanuel Kant como representante de la Ilustración, y a Hannah Arendt como pensadora en el siglo del Holocausto. Al concepto de progreso -un tema de importancia para ambos- arribaron a través de sus respectivas teorías del ‘Juicio’. Si se estudia el pensamiento de Hannah Arendt se deducirá que es un concepto cuestionado por la gran tragedia humana del Holocausto. (El género humano va de mal en peor). Arendt es una impugnadora de la teoría kantiana sobre el progreso. 

 

El progreso como obligación moral 

Kant defiende la tesis de que el progreso es una obligación moral. El progreso lo entiende como un deber del género humano para consigo mismo. Nuestro deber es el de actuar en dirección del progreso.

Para Arendt, al contrario, lo es no creer en él. “Arendt opina que en Kant se da la contradicción de que el progreso infinito es la ley de la especie humana cuando la dignidad humana exige que cada uno de nosotros sea visto en su particularidad. Según Arendt, la idea del progreso contradice la noción kantiana de dignidad del hombre”.

Algunos autores sostienen que no existe tal separación entre la moral y la filosofía de la historia kantianas, que no habría tales diferencias entre Kant y Arendt. 

Serraller Calvo considera que la clave para atenuar las divergencias reside en la importancia que ambos confieren al entusiasmo del observador que Kant detecta en la Revolución Francesa; lo que para Kant es la última prueba de la existencia del progreso moral y para Arendt un elemento que sustenta su teoría de la dignidad de juicio de cada individuo. “Sostenemos así que un importante factor que acerca a Arendt a Kant es, precisa y paradójicamente, el posible progreso moral de la humanidad”.

 

Dos posturas sobre el progreso 

En el siglo XVIII el desafío al que se enfrentó la idea de progreso fue un desastre natural, el terremoto de Lisboa de 1755. A partir de la Revolución Industrial y, sobre todo, tras el Holocausto, la amenaza se encuentra en el propio hombre. En la actualidad coexisten ambas posturas en el debate público, en el que siguen enfrentándose ilustrados y antiilustrados; estos últimos, ahora posmodernos o populistas. Unos esgrimen las conquistas sociales logradas en las últimas décadas; otros los horrores acaecidos en el transcurso de los siglos.

 

El progreso: una creencia, una ilusión 

Arendt se decanta por Kant porque le ofrece un armazón teórico más cercano a sus inquietudes y objetivos: su concepción de lo público, ese espacio humano en el que se desarrolla la política; la equiparación fundamental entre arte, belleza y política; el juicio como proveedor de ejemplos y base para una concepción de la política basada en los particulares (narraciones, ejemplos históricos), no en los universales (el concepto de proceso histórico, la Historia); el rechazo al rey filósofo y su defensa de que ni el pensamiento ni el juicio se circunscriben al filósofo, y la reflexión sobre lo trágico asociada al juicio.

“No creemos que la ‘Crítica del juicio’ contenga el germen de una teoría política, pero nos parece que el análisis que hace Arendt enriquece la teoría política sin traicionar la concepción de sensus communis de Kant”.

“Al recorrer la historia del concepto de progreso, reflexionamos sobre si es una realidad sobre la que se puede determinar su existencia o si es una creencia. Consideramos, con John Bagnell Bury y Robin George Collingwood, (dos historiadores), que es una creencia y cuestión de gusto y temperamento” (María Mercedes Serraller Calvo) .

 

¿Una cuestión de fe o de razón?

Mas esta creencia en el progreso, ¿es una cuestión de fe o de razón? Hoy muchos estarían de acuerdo con el citado John Gray cuando escribe que:“el progreso es una ilusión, una perspectiva de la historia que responde a las necesidades del sentimiento, no de la razón”. Una respuesta más precisa se halla en el referido texto de Gray quien, -a pesar de considerar la idea de progreso como una ilusión-, termina preguntando lo siguiente: “sin la esperanza de un futuro mejor, ¿habríamos presenciado la abolición de la esclavitud, o la prohibición de la tortura? En lugar de renunciar a la idea de progreso, ¿por qué no revisarla a conciencia?”.

 

La advertencia de Hannah Arendt

¿Será que “el progreso ya no puede servir como referencia para medir los procesos de cambio”, desmesuradamente ideológicos? “El progreso de la ciencia no solo ha dejado de coincidir con el progreso de la humanidad (sea lo que fuere lo que esto signifique), sino que podría augurar su fin”. 

Es que “sin duda” -como escribiera Hannah- “el progreso es algo más serio y complejo que lo que suele ofrecerse en la feria de supersticiones de nuestro tiempo”. El progreso es un camino que nos permite avanzar, cuyo final nunca verás, una ilusión que puede conectar con el retroceso y transformarse en dolor y fracaso.

¿Será que “al barco del progreso humano le está entrando agua por todos lados?”, y que ni siquiera “la izquierda de nueva generación, canceladora, facilona y woke”, -como ha señalado el escritor español Arturo Pérez Reverte-, logró percatarse a tiempo?

Jorge Varela
03 de febrero del 2026

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