Domingo Garcia Belaunde

Manos limpias, boca sucia

Sobre las interminables polémicas en la política peruana

Manos limpias, boca sucia
Domingo Garcia Belaunde
26 de octubre del 2026

 

Cuando se viven algunos años pasan varias cosas; por un lado decepciones, por otro aprendizajes. En mi caso concreto, he tratado de aprovechar lo segundo y ver qué pasó con lo primero para de ahí extraer enseñanzas. Y por eso tengo presente lo que hace más de un siglo dijo Santayana, el filósofo español que hizo su vida académica en los Estados Unidos: los que no conocen su historia, están condenados a repetirla.

Y viene a cuento aquí la historia de dos procesos electorales que presencie y seguí recién entrado a la Universidad: los de 1962 y de 1963. El primero fue algo muy aguerrido, pues terminaba su segunda presidencia Manuel Prado, muy democrática y acertada en relación con su complicado primer periodo (1939-1945). Esa campaña de 1962 fue muy agitada y terminó con un golpe de Estado en julio de ese año e instauró un gobierno militar durante doce meses, que convocó a un nuevo proceso electoral, pero con un nuevo sistema: la cifra repartidora, que a la larga ha sido fatal y que la tomaron de Bélgica, creación matemática de Víctor D´Hondt y que inexplicablemente se mantiene hasta ahora.

Instalado el primer gobierno de Belaunde, estuvo debilitado desde el principio por la llamada Coalición del Pueblo que reunía el 66% de los escaños, con el Apra y la UNO (Unión Nacional Odriísta).

En esa época apareció también un partido nuevo de origen provinciano y que tanto daría que hablar: el partido Demócrata Cristiano, con líderes de cuadros y muy aguerridos. Uno de ellos y quizá el más destacado era Héctor Cornejo Chávez. Sin embargo, Cornejo era muy agresivo, si bien con elegancia,propio de sus grandes lecturas. Y uno de sus puntos favoritos eran atacar al odriismo, acusándolo de corrupción y de dictadura, recordando seguramente lo sucedido en Arequipa en 1955, una revuelta que aplastó el gobierno con derramamiento de sangre.

Lo cierto del caso es que uno de los argumentos contra el odriismo era la corrupción, que me parece que no se ha probado, por lo menos en el caso de Odría: vivía de su pensión militar. Y eso motivó que frente a esos ataques lanzados por la Democracia Cristiana, el entonces senador Julio de la Piedra, de la UNO, replicase que estos personajes, tenían las manos limpias pero la boca sucia.

Al parecer, esto mismo lo estamos viendo estos días. Invito al lector a que lo compruebe.

 

Domingo Garcia Belaunde
26 de octubre del 2026

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