Aldo Lorenzzi
Perú: un país con potencial, pero sin la potencia necesaria
¿Contaremos con líderes capaces de materializar ese potencial?
Estamos en un año electoral que muestra irregularidades preocupantes por parte del Estado y de algunos actores que participan en las Elecciones Generales 2026, en las que se librará una disputa por el poder y el dominio del país.
Lo cierto es que el Perú es mucho más que las escasas propuestas de los candidatos actuales. En 2025, por ejemplo, tuvimos un promedio de inflación de 1,5%, según el INEI, la más baja de la región; un récord mundial en exportaciones de plata, uva y arándano; además, de acuerdo con estadísticas del INEI, se crearon 230,000 puestos de trabajo formales, que continúan en aumento. Estos logros deberían ser la base sobre la cual construir el futuro; no obstante, si nos atenemos a las propuestas actuales, podría ingresar una administración con una calidad de gestión muy pobre.
Un tema fundamental para nuestro desarrollo, pero poco presente en las propuestas electorales, es mejorar la conectividad del país. Un ejemplo es la zona norte del Perú, donde una de las obras más sonadas es el puerto de Chancay, no solo para los peruanos, sino también para los latinoamericanos. No obstante, esta infraestructura no ha sido suficiente para que el país despegue de acuerdo con su potencial, lo que podría explicarse por la escasa preparación de instancias clave de articulación del Estado, como los gobiernos subnacionales. A ello se suman la corrupción y la burocracia como origen de esta mediocridad estatal.
Proyectos prioritarios sin agenda política
Una de las obras con mayor impacto para potenciar al país y su conectividad es el anillo vial periférico, que beneficiaría a cerca de 4,5 millones de personas y que aún sigue en estudios. La conectividad es clave en esa zona del Perú, por lo que también se requiere un ferrocarril que conecte Chancay con el Callao, corredores viales que mejoren la transitabilidad por Pasamayo, los proyectos de antepuertos de Paita y el Callao, y un túnel central en Ancón. Lamentablemente, ninguno de estos está en la agenda electoral.
Los políticos no se han dado cuenta de que todos estos proyectos permitirían que el país exporte más, tenga mayor conectividad y se convierta en la potencia que podría ser. Las propuestas actuales se reducen a crear leyes o licitaciones engorrosas, sin considerar que también es necesario saber articular y destrabar. Si bien se requieren estudios para los megaproyectos en esta y otras zonas del país, ello solo será posible si el enfoque burocrático cambia hacia uno pragmático.
Actualmente, el Perú debe enfocarse en reducir los niveles de pobreza y de inseguridad ciudadana, y en lograr que más peruanos accedan a empleos dignos. ¿Cómo se consigue? Con un buen trabajo de las autoridades y los funcionarios, sin exceso de papeleo, lo que no implica prescindir de los formalismos legales, sino avanzar hacia una burocracia más ligera. Hoy tenemos todo para ser una potencia regional, pero el Estado no ha desarrollado aún el potencial necesario para lograrlo. Esto debe terminar en el nuevo quinquenio.
El Estado debe acertar en la designación de funcionarios probos y éticamente sólidos, capaces de gestionar y articular con las regiones, los inversionistas y todas las instancias del Estado. Las próximas autoridades deben contar con visión pragmática y capacidad de ejecución, no solo con discursos grandilocuentes. Los peruanos volveremos a confiar en el Estado si la buena fe es el principio fundamental del nuevo gobierno. La pregunta no es si tenemos los recursos o el potencial para crecer, que los tenemos, sino si contaremos con líderes capaces de materializarlo. Los próximos meses serán decisivos para determinar si seguimos atrapados en la mediocridad o si finalmente damos el salto que el país merece.
















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