Giancarlo Peralta
Presidente de medianía
La propuesta de quienes no quieren que haya cambios significativos en el país
Resulta lamentable que un sector de la clase política promueva la emergencia de un candidato de “medianía” a la presidencia de la república en las próximas elecciones generales. ¿Qué está detrás de esta opción? Mantener el statu quo para que un grupo siga en una condición privilegiada por su cercanía al poder, soslayando el esfuerzo, la capacidad y la dedicación al trabajo.
Quienes quieren la permanencia de una burocracia frondosa se oponen a la reorganización del Estado para hacerlo más funcional a la demanda de los ciudadanos. Prefieren el negocio de las consultorías, la producción de documentos que nunca se ejecutan y, peor aún, se actualizan una y otra vez, previo generoso pago financiado con los recursos que el Estado les provee.
Para seguir con el statu quo de la medianía, de la mediocridad, del aprovechamiento de los recursos que recibe el estado por parte de los ciudadanos que tributan de manera directa o indirecta (como en el caso del pago del Impuesto General a las Ventas o el Impuesto a las Transacciones Financieras). Esto es lo que debe cambiar.
Quienes propugnan un presidente de medianía quieren mantener una universidad pública mediocre, que no compita con las universidades privadas donde acuden sus hijos. Preguntémonos ¿qué candidatos matriculan a sus hijos en escuelas o universidades públicas? ¡Ninguno! Y además hay algunos que se oponen a quien impulsa un cambio radical en la estructura del estado para servir, eso sí, a los no privilegiados de la sociedad.
El presidente de Argentina, Javier Milei, en cuanto llegó al poder, emprendió una racionalización del aparato estatal y logró excedentes que le han permitido reducir el déficit fiscal y bajar significativamente la inflación, que perjudica principalmente a los más pobres. En el Perú el candidato Rafael López Aliaga es quien propugna emprender medidas similares para llevar a cabo un vasto plan de infraestructura productiva y luchar contra la criminalidad y la corrupción.
Quienes promueven un presidente de medianía prefieren que no haya cambios significativos, afirman que estaremos mejor con el viento de cola del crecimiento económico mundial, que eso será suficiente; pero, de lo que se trata es de crecer al mayor ritmo posible.
Durante el segundo mandato de Alan García Pérez el crecimiento promedio fue 7% anual entre 2006 y 2011. Entonces, si ya lo hicimos, ¿por qué resignarnos a un gobierno mediocre que no sea capaz de reducir la pobreza de manera drástica?
Tengamos presente que en el Perú hay recursos económicos disponibles y existe voluntad de los inversionistas de traer sus capitales, lo que sucede es que la gestión de los mismos no es la adecuada. Quienes se resisten al cambio quieren seguir aprovechándose del aparato estatal y se oponen al cambio cuando estamos frente a una nueva y excelente oportunidad de solucionar buena parte de nuestros problemas, a través del voto popular.
















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