El Perú es una sociedad de ingreso medio que, en las últ...
Durante la primera década del nuevo milenio existían estudios y proyecciones de reconocidos economistas y organismos multilaterales que señalaban que si el Perú seguía creciendo sobre el 6% en promedio anual y reduciendo varios puntos de pobreza cada año, en el Bicentenario de la independencia de la República nuestro país alcanzaría un ingreso promedio cercano al de un país desarrollado (entre US$ 25,000 y US$ 30,000). Sin embargo, el Perú llegó al Bicentenario con el gobierno de Pedro Castillo e incrementando la pobreza de 20% de la población a 30% (hoy está en el 27%).
¿Qué había sucedido para semejante fracaso? Luego de las reformas económicas de los noventa, en el país las izquierdas construyeron todos los relatos y narrativas que se convirtieron en los sentidos comunes dominantes del debate público. Eran narrativas que demonizaban al sector privado, que avanzaban en sentido contrario del modelo y el régimen económicos constitucional y que empataron con el gran relato acerca de una polarización entre fujimoristas y antifujimoristas luego del informe de la Comisión de Verdad y Reconciliación.
El resultado: el Perú se enfrascó en un enfrentamiento político que correspondía a una sociedad en guerra civil con armas y de ninguna manera a una democracia, a un sistema republicano. Finalmente Pedro Castillo, el peor candidato de la historia republicana, el menos preparado y el que anunciaba todos los despropósitos a cometer fue elegido en medio de denuncias de irregularidades. Paralelamente en los años posteriores a las reformas económicas de los noventa las narrativas en contra de la inversión privada y los mercados comenzaron uno de los procesos de burocratización estatales más impresionantes de la región.
Las fábulas en contra de la minería, las agroexportaciones, la pesquería, el desarrollo del turismo impulsaron a crear ministerios, oficinas, burocracias y sobrerregulaciones con el objeto de “controlar y contener la voracidad y explotación del sector privado”. Y he allí el Estado burocrático, el que saquea los recursos que aporta el sector privado y no brinda agua potable ni desagüe a los más pobres en las regiones, y que fomenta informalidad en las unidades económicas más pequeñas que no pueden asumir los trámites y costos que se deben asumir ante el Estado.
En este contexto, este domingo 12 de abril todos los peruanos de buena voluntad debemos votar en contra de las izquierdas en todas sus versiones, ya sea la izquierda progresista o la comunista ortodoxa, porque ellas han construido este terrible momento de desorganización nacional. Por ejemplo, Pedro Castillo nunca habría llegado al poder sin la izquierda caviar, sin la brutal judicialización de la política que impulsó el progresismo a través del control de entidades del sistema de justicia y que terminaron arrinconando a todos los líderes y movimientos anticomunistas del Perú.
Si las instituciones se dedican a perseguir a los líderes anticomunistas, si la izquierda progresista escribe los relatos que se vuelven dominantes en la sociedad e impulsa a la burocratización del Estado que bloquea inversiones y fomenta informalidad, ¿por qué razón entonces Castillo no iba a llegar al poder?
El domingo 12 de abril todos los peruanos que aman al Perú, todos los ciudadanos con buena voluntad, deben votar en contra de las izquierdas y posibilitar que dos movimientos de centro derecha pasen a la segunda vuelta electoral y se forme una mayoría parlamentaria con sentido común en ambas cámaras legislativas.
¡Que Dios ilumine a los peruanos y el Perú vuelva a despertar!
















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