La presidente Keiko Fujimori culminó su mensaje señaland...
La ceremonia nacional –que movilizó a todas las instituciones de la República, civiles y militares–, con motivo de la asunción del poder de la presidente Keiko Fujimori se caracterizó por respetar todos los protocolos y procedimientos establecidos en la Constitución y en las tradiciones republicanas del Perú. En ningún momento hubo un exabrupto o una sorpresa. Todo discurrió dentro de la normalidad con que suelen afrontar estas circunstancias las democracias más longevas en Occidente. El Perú parecía una sociedad diferente, absolutamente distanciada de las turbulencias y las guerras políticas de la década pasada.
El hecho, la imagen, que desafinó con la sinfonía de los acontecimientos fue el retiro de las bancadas de Juntos por el Perú y parte de Ahora Nación antes de que la jefe de Estado empezará su discurso. Por su lado, Roberto Sánchez se hundía en la comedia intentando liderar una marcha de cuatro gatos cerca de la avenida Abancay. La izquierda está absolutamente desubicada frente a un país lleno de expectativa, que parece implorar a la Divinidad por un cambio en el curso de los acontecimientos.
La indumentaria de la presidente Keiko Fujimori era un vestido de un azul acero muy sobrio con bordados andinos. Por la forma y el color la prenda exacta para una mujer que ha asumido la jefatura de Estado. En ese momento algunos recordamos el dolor que causaba recordar la anterior transmisión de mando. Pedro Castillo usaba el llamado chaleco con cuello de Mao con motivos andinos en el afán de imitar el histrionismo del dios del castillismo: Evo Morales.
Durante la ceremonia el juramento de la presidente Keiko Fujimori se hizo colocando la palma de la mano sobre la Biblia con la presencia del crucifijo sagrado, tal como corresponde a la tradición republicana. Sin embargo, hubo otra grata sorpresa cuando la jefe de Estado agregó al final de su fórmula de juramento: “Respetando la libertad de culto, reconozco la importancia de la Iglesia católica en la formación cultural y moral de la sociedad peruana”.
La juramentación de Luis Galarreta, primer vicepresidente de la República, y de Miguel Ángel Torres, segundo vicepresidente de la República, igualmente, continuó con la gravedad y el respeto a las tradiciones republicanas.
Para quienes apuestan por la construcción de una sociedad abierta, plural, con absoluto control de los excesos de poder, la importancia de defender las tradiciones occidentales es fundamental para reforzar los valores que alimentan la libertad. En ese sentido, la defensa de la hispanidad y el mestizaje es un aspecto fundamental en desarrollar este objetivo.
¿A qué vamos? Durante la asunción de mando la presencia del Rey de España, Felipe VI, se resaltó como muy pocas veces había sucedido en las transmisiones de mando del país. El monarca español fue ubicado en el lugar más destacado de todos los jefes de Estado y mandatarios y encabezó todos los actos protocolares antes de ingresar al Congreso, al lado de Javier Milei, presidente de Argentina; de José Antonio Kast, presidente de Chile; de Santiago Peña, presidente del Paraguay y de José Raúl Molino, presidente de Panamá, entre otros.
Algo más para subrayar. La presidente Fujimori llamó su majestad al Rey y fue el único dignatario al que mencionó por su nombre ante la enorme cantidad de jefes de Estado presentes. En cualquier caso, el contraste con la asunción de mando de Castillo vuelve a resucitar porque, en ese entonces, Evo Morales, sin ser jefe de Estado, parecía controlar el escenario.
La presidente Fujimori no solo ha ratificado la decisión de su gobierno de integrar el “Escudo de las Américas”, convergencia de Estados contra el crimen organizado, promovida por los Estados Unidos, sino que su alusión a los objetivos comunes en Iberoamérica y las deferencias con el Rey de España ha enterrado la Leyenda Negra que tanto daño le ha hecho al Perú.
En cualquier caso, el Perú parecía otro país, uno más estable, con sus instituciones funcionando y alejado de las tendencias a la anarquía. Y el contraste con el pasado es brutal. Cuando Castillo llegó al poder se fugaron US$ 25,000 millones en capitales. Ahora que la presidente Fujimori ha juramentado hay más de US$ 100,000 millones en lista de espera.
¡Felices Fiestas y viva el Perú!
















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