Editorial Política

No solo hay que hacer las cosas bien, ¡también hay que contarlas bien!

La importancia de las narrativas y las fábulas en el éxito republicano

No solo hay que hacer las cosas bien, ¡también hay que contarlas bien!
  • 04 de agosto del 2026


Uno de los pecados mortales de la centro derecha en el Perú y en América Latina es ignorar la enorme importancia de las narrativas en la consolidación de la democracia y las libertades. En las derechas se suele creer que el crecimiento y la reducción de pobreza inmunizan a la sociedad contra las propuestas antisistema. Un gravísimo y devastador error. Perú y Chile son las dos economías de la región que, en las últimas décadas, más crecieron y redujeron la pobreza; sin embargo, ambos países acaban de salir de gobiernos colectivistas, de proyectos de izquierda que paralizaron sus respectivos milagros económicos.

Parafraseando el texto bíblico, hoy se puede sostener que no solo de pan se alimenta el hombre, sino también de historias, de relatos y narrativas. En el Perú existen ejemplos realmente asombrosos sobre el papel de los relatos y las fábulas. Por ejemplo, la historia con respecto al fujimorismo de los noventa y el papel de Alberto Fujimori. Es evidente que durante ese periodo hubo errores, sobre todo vinculados a la institucionalidad: allí está el golpe de 5 de abril que duró ocho meses y el papel de un poder oscuro que se gestó durante ese gobierno. 

Sin embargo, si se convocara a los más destacados historiadores, economistas y sociólogos para enjuiciar el señalado proceso sería incuestionable que el gobierno de Alberto Fujimori fue uno de los mejores de la historia republicana porque desarrolló las reformas económicas que todavía hoy siguen sosteniendo al Perú y derrotó a uno de los movimientos terroristas comunistas más letales de la historia humana. El relato convirtió a una interrupción constitucional de meses en una dictadura y pretendió compararla con los totalitarismos más feroces de la historia. La fábula utilizó excesos y violaciones de Derechos Humanos de carácter aislado para ocultar una de las estrategias contrasubversivas más democráticas, con más participación campesina de la historia regional. De esta manera, el fujimorismo de los noventa, que por primera vez estableció una alianza entre pobres y ricos, fue reducido a una suma de todos los males. He allí el poder del relato sobre la historia, sobre los hechos.

Otro ejemplo del poder de las narrativas se materializó con respecto a los enjuiciamientos del segundo gobierno de Alan García. Algunos analistas y observadores sostienen que fue el mejor gobierno del siglo XXI, con tasas de crecimiento sobre el 6% y con cuatro y tres puntos anuales de reducción de pobreza. La administración aprista fue una máquina de reducción de pobreza e, igualmente, se caracterizó por un respeto irrestricto al Estado de derecho y una apertura política tan extrema que, incluso se convocó a Yehude Simon de las izquierdas como presidente del Consejo de Ministros. Crecimiento y apertura política fueron los apellidos de esa administración.

Sin embargo, durante el gobierno de Ollanta Humala se organizó el aparato progresista que luego desplegaría una guerra de relatos y narrativas en los siguientes lustros. El gobierno de García fue reducido al “gobierno de los narcoindultos”, uno de los primeros muñecos armados por este progresismo agresivo que priorizaba la fábula e ignoraba cualquier referencia a la realidad. En la siguiente elección García obtuvo apenas 7% de votación y el resultado fue el preludio de la implacable persecución política que padecería en los siguientes años.

Como se aprecia, la conducta de las izquierdas –de los progresistas, caviares y del comunismo ortodoxo– nos deja una lección irrenunciable, si es que pretendemos seguir apostando por la consolidación republicana y las libertades. En ese sentido, vale sostener que la nueva administración de Keiko Fujimori no solo tiene que hacer las cosas bien, no solo debe demostrar eficacia y resultados medibles, sino que también debe salir a contar la historia, debe organizar el relato.

Transformar el país es igual de imperativo que el de organizar la narrativa. He allí también la enorme importancia de revisar la llamada “memoria de las izquierdas” y volver a colocar la historia y los hechos en la reflexión nacional. Si la centro derecha en el país no entiende la importancia de los relatos entonces otros contarán la historia.

  • 04 de agosto del 2026

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