Editorial Política

Por favor, eviten ataques entre centro derechas hasta segunda vuelta

El objetivo debería ser desvelar la responsabilidad de las izquierdas en la crisis

Por favor, eviten ataques entre centro derechas hasta segunda vuelta
  • 10 de febrero del 2026


Los peruanos de buena voluntad, que hemos contemplado absortos en la última década y media cómo se nos iba la posibilidad de alcanzar el desarrollo y cómo se destruía la institucionalidad democrática por las guerras políticas que promovieron las izquierdas ortodoxas y progresistas de todos los signos, tenemos la obligación de invocar a los candidatos de la centro derecha, sobre todo a los que encabezan las encuestas, para que posterguen los enfrentamientos entre ellos hasta la segunda vuelta.

No negamos que una campaña electoral en desarrollo, en el acto, suele reproducir las principales leyes de la guerra. ¿A qué nos referimos? En la guerra, las diferencias y los conflictos suelen resolverse con la eliminación de los rivales, de los adversarios. En la política, por el contrario, los enemigos suelen buscar pactos para construir una comunidad política. En ese sentido, en una campaña electoral los candidatos buscan eliminar al adversario para ganar el favor de los electores.

Sin embargo, si las centro derechas inician una guerra sin un objetivo ideológico y programático es evidente que para la sociedad y los electores quedará en evidencia que esos movimientos se están arrancando los mendrugos del mismo espacio político. ¿Qué sucederá? Se eliminará a un potencial participante de la segunda ronda electoral y el inmejorable, el insuperable escenario de una segunda vuelta entre dos centro derechas, se pondrá en peligro. En cualquier caso se trataría de la mejor posibilidad, porque también podría suceder que el enfrentamiento sea tan cruento que las centro derechas se autoeliminen.

Desde este portal no nos cabe duda de que el movimiento de la centro derecha que gane las elecciones representará la propuesta que mejor sintetice el clamor nacional en contra de la desorganización nacional que han construido las izquierdas, desde la administración de Martín Vizcarra hasta la elección de Pedro Castillo y la sucesión de Dina Boluarte. En ese contexto, la posibilidad de voltear al costado para atacar el vecino en vez de enfilar en contra del enemigo principal, como se suele decir en la guerra, es el peor error que pueden cometer las centro derechas por falta de formación política y manuales clásicos.

Al respecto vale un ejemplo de la política nacional, que se analizaría con propiedad si es que en el Perú hubiese ciencia política o sociología despojada de vestimentas ideológicas. En el año 2006 Alan García ganó las elecciones, no obstante que su candidatura sumaba todas las adversidades habidas y por haber. En ese entonces él era la representación absoluta del político tradicional y todo se le presentaba cuesta arriba. Sin embargo, ya sea por lecturas acumuladas o por instinto del animal político que habita en algunos, se propuso liderar la lucha contra el enemigo principal. ¿Quién era el enemigo principal? Incuestionablemente era el Ollanta Humala del polo rojo, el Humala que miraba endiosado a un Hugo Chávez arrollador.

Al lado del candidato del aprismo, Lourdes Flores era la candidata que reunía todas las credenciales y las posibilidades para ganarle al Humala del polo rojo, y así se reflejaban en las encuestas. Sin embargo, los seguidores de Humala, del nacionalismo y del eje bolivariano, en ese entonces, inaugurarían una estrategia de violencia, apedreando en las plazas electorales a todos los candidatos de la centro derecha. Una práctica que se prolonga hasta hoy en algunas provincias del sur y que debería ser enterrada en el actual proceso electoral.

En un mitin desarrollado en Huancavelica, Lourdes Flores fue atacada en medio de un discurso con piedras y palos; sin embargo, la candidata socialcristiana abandonó la plaza dejando en claro sus debilidades frente al nacionalismo. Muy por el contrario, Alan García y el Apra respondieron golpe por golpe un ataque del eje bolivariano en Puno, mantuvieron la plaza y desarrollaron la campaña electoral en el sur. La decisión de García de preservar las plazas electorales dejó varios heridos y contusos. No obstante, las clases medias del Perú llegaron a una conclusión: el único que podía detener al Humala del polo rojo era Alan García y, entonces, el líder aprista pasó a la segunda vuelta.

En la segunda ronda Alan siguió aplicando los manuales clásicos de la política y provocó abiertamente a Hugo Chávez hasta que el dictador le respondió. En ese momento Humala apareció como un ujier del cachaco venezolano, y García había ganado las elecciones. Una lección sobre qué es hacer política que se debería estudiar.

Algo de eso deberían tener en mente los candidatos de la centro derecha que encabezan las encuestas a la hora de actuar en la primera vuelta.

VÍCTOR ANDRÉS PONCE

  • 10 de febrero del 2026

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