David Auris Villegas
Día del Niño: Educar en el amor, el gran desafío pedagógico
Según el INEI los niños son el 19.3% de nuestra población
Cada tercer domingo de agosto celebramos en Perú y en algunos países el Día del Niño, como un hermoso tributo a esa generación de soñadores, de miradas claras e inocentes, que son la esperanza de toda sociedad. Al mismo tiempo, se aspira a que estas generaciones sean mejores que las anteriores gracias a nuestra labor pedagógica. Más allá de la festividad, esta conmemoración nos incita a cavilar sobre los grandes desafíos que enfrenta la educación en su batalla por educar niños felices, solidarios, respetuosos y capaces de transformar nuestra sociedad.
Según reportes oficiales del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), aproximadamente hay 6.6 millones de niños y niñas de 0 a 11 años, el 19.3 % de la población total del país. Este bolsón humano encierra un potencial, pero también desafíos, problemas, posibilidades y oportunidades. Entre sus principales problemas están la desnutrición y las enfermedades, la violencia, la ausencia de oportunidades y que, según UNICEF, más de tres millones de niños habitan bajo la terrible sombra de la pobreza.
Ante esta cruel realidad, el desafío educativo no radica solamente en transmitir conocimientos. Necesitamos educar en el amor como materia prima, abocados a edificar al hombre futuro, amoroso, capaz de ver al prójimo con una mentalidad de comunidad. Aquí es clave el ejemplo de los mayores. Un maestro que no sonríe, que no es amable con los niños, le hace flaco favor a la sociedad actual, pues está cortando las alas de futuro. Asimismo, el hogar es otro ambiente que puede definir el éxito del niño. Si se siembra amor y felicidad, en su memoria quedará una huella profunda e imborrable a lo largo de su vida.
Las familias y las escuelas necesitan practicar la pedagogía del amor y del abrazo, inculcando respeto, resiliencia y una mente visionaria y solidaria. Hoy gracias al avance de la civilización poseemos conocimientos y herramientas que ayudan a formar niños felices, aun cuando la atroz tecnología pareciera reemplazar a la humanidad.
Si educamos a nuestros niños con inteligencia, amor y cooperación, formaremos adultos capaces de construir una comunidad donde nadie acuda a aporrear al vecino para avanzar. Porque el destino de la humanidad está en aprender a vivir juntos, con amor, respeto, solidaridad y esperanza.
















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