Christian Luján
Entre la paciencia y la urgencia
El desafío de Keiko Fujimori y la lección del caso colombiano
“No podemos dar resultados en 15 días, por favor. Les pido paciencia”. Esta fue la frase que nos dejó nuestra actual presidente el pasado 11 de agosto ante la crisis que atraviesa nuestro país, sobre todo en materia de seguridad. Dicho esto, la verdad es que es comprensible en su literalidad: es muy difícil o casi imposible que exista algún gobierno que resuelva problemas de larga data y de gran envergadura solo en dos semanas. Pero es peligrosa en su efecto también, ya que muchos no queremos que esta actitud sea la que guíe las acciones y la eficiencia de la actual gestión, y que siempre haya un excusa para no actuar con firmeza y velocidad.
Y es que la realidad no espera y los problemas se han hecho patentes tras una luna de miel muy accidentada. Mientras la mandataria solicitaba paciencia, apenas unos días después se registraron múltiples ataques extorsivos con transportistas en Lima: un conductor herido de bala, un autobús baleado con amenaza de muerte de por medio (con código colombiano), y el asesinato de un mototaxista de 24 años. Solo en el año 2025 un total de 239 transportistas fueron asesinados en nuestro país. Si lo analizamos por rango de tiempo, entre agosto de 2024 y mayo del 2026 podemos contabilizar 283 víctimas y más de 150 fallecidos por negarse a caer al infierno de pagar cupos por trabajar. Estas desgracias no solo se ven mediante las cifras, existen materiales audiovisuales en redes sociales que confirman la data: choferes ejecutados a sangre fría frente a sus pasajeros, familias obligadas a normalizar la posibilidad de que su ser querido no llegue con vida al hogar. Esta penosa realidad, en cualquier país serio sería motivo suficiente para declararlo en emergencia nacional.
Además, a esto podemos sumar la respuesta de Fujimori ante las recientes lluvias que colapsaron el sur de Lima: cerca de 300 afectados, más de 60 viviendas y centros educativos con serio daños en los distritos de Villa El Salvador, Villa María del Triunfo, Chorrillos y San Juan de Miraflores, todo esto a consecuencia de la acumulación de apenas algunos milímetros de precipitaciones. Estas cifras en cualquier otra ciudad con infraestructura mínima no sería ni noticia. Además, la Contraloría General de la República detectó que cerca de 320 municipios ejecutaron menos del 40% del presupuesto que tenían previsto para enfrentar el fenómeno de El Niño. Esto no responde a una coincidencia por los malos tiempos del clima, no, esta lamentable situación se explica por la lentitud y la tranquilidad con la que este gobierno viene abordando algunas problemáticas; no todas, pero sí algunas básicas como esta.
Las comparaciones son molestas y amargas, pero es importante señalarlas, sobre todo si se tiene la intención de hacer una crítica constructiva que busca que la situación del país mejore. Abelardo de la Espriella, actual presidente de Colombia, asumió apenas hace poco más de 10 días el gobierno del país cafetero y en sus primeras 24 horas ordenó el traslado de 117 reclusos de alto calibre vinculados a estructuras criminales, desarticulando así centros de mando penitenciario. En este mismo periodo de tiempo, sus tropas dieron de baja a Hernando Forero Mosquera, alias “Alemán”, líder cabecilla de las disidencias de las FARC, se capturó a integrantes del Clan del Golfo y de los Comandos de Frontera, y se destruyeron más de dos decenas de artefactos explosivos el ELN. Todo esto sin traer a colación el catastrófico terremoto de 7.4 grados de magnitud que golpeó la zona del Chocó y demás áreas aledañas en ese mismo lapso.
De la Espriella no pidió paciencia: se trasladó a las zonas afectadas, instaló un Puesto de Mando Unificado y ofreció reportes cada dos horas por medio de medios oficiales y medios alternativos (redes sociales). No se pretende ser irracional, nadie exige lo imposible en poco tiempo, pero la diferencia es clara y no estaría nada mal que nuestro gobierno tome la actitud y estrategias del gobierno de nuestro vecino país del norte
Es totalmente cierto y hay que ser justos: Keiko recién inicia, nadie puede discutir eso, y desmontar en dos semanas una crisis criminal (no solo urbana, ojo) que lleva años de existencia y con miles de víctimas alrededor resulta fantasioso y, en parte, irresponsable. No obstante, un inicio reciente no puede ser sinónimo de inacción y parálisis, y menos ante ciertos problemas que pueden solucionarse sin la necesidad de reformas profundas, solo con una sencilla capacidad de reacción y coordinación logística, como es lo sucedido frente al inicio de periodos de lluvia.
El invocado cronómetro de 1826 días de Keiko sigue en marcha. Y con él también corre la paciencia de un país que sigue sufriendo ominosas tragedias diarias que podemos combatir con buena gestión estratégica y tomando ejemplos de nuestros vecinos y aliados. Es ese el estándar de exigencia que este gobierno debe de asumir.
















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