Carlos Adrianzén

El ABC del Programa de Sánchez

Desmantelar los logros de la política económica peruana

El ABC del Programa de Sánchez
Carlos Adrianzén
06 de mayo del 2026

 

En este momento me queda claro que la primera vuelta del proceso 2026 estuvo manchada y que la segunda es solo un trámite. Y que esto fue algo lamentablemente pero predecible, considerando cuánto ha avanzado la corrupción burocrática en la última década, con los sucesivos gobiernos de izquierda. Desde la caviar hasta la filo senderista, nadie en su sano juicio, podría descartar que tal flujo de deterioro institucional nos pasaría la cuenta en términos de escandalosas oscuridades y de comicios con manchas difíciles de esconder. Por todo esto, dadas las accidentadas prácticas de cómputo de la ONPE –y los oscuros refrendos del Jurado Electoral– lo verosímil hoy es que, al margen de la decisión real de los electores, un candidato de apellido Sánchez resulte, también accidentadamente, el seleccionado en la segunda vuelta.

 

La suerte del selecto

Pero Sánchez, sus aliados y su sombrerito no se habrán ganado la Lotería. No estarían ni cercanamente capacitados para gobernar lo que viene; aunque sí sabrían cómo usarlo como un impulso hacia una mayor destrucción económica. En medio de (1) las complicaciones económicas globales asociadas al conflicto en el estrecho de Ormuz y un nuevo shock del petróleo; (2) lo drástico y bipolar de los cambios en el orden político mundial; (3) el profundo y continuado deterioro post Humalista de la gobernanza estatal peruana; y (4) no menos importante, la sensibilidad de nuestra economía ante cualquier cambio negativo en la evolución de los términos de intercambio que recibimos del exterior; resulta altamente probable que el selecto las tenga de perros.

Posiblemente su suerte podría resultar peor que la del pintoresco y dañado jefe de estado español. Un personaje de apellido y catadura similar. Pero a Pedro y Roberto algo más los asemejaría. Dado su bagaje ideológico, ambos tendrían abiertas aspiraciones dictatoriales. Paralelamente, algo los diferenciaría. Uno parece odiar a todo lo que implique España mientras el otro… declararía despistadísimo, que la odia porque liberó a los tahuantinsuyanos de la opresión incaica. Un rencor mal copiado de la caviarada miraflorina.

Al lado de todo esto emerge el objeto de estas líneas. Algo pobremente discutido en esta campaña. Pues le escribo que la lógica del esquema económico de Sánchez es simplona, plagiada, oscura y hasta pueril. Lo de siempre, como en los aciagos días de la dictadura militar setentera. Emisión de dinero, déficits fiscales, expropiaciones a todo lo que brille y endeudamiento público libre de tamices técnicos serios. Nada novedoso o inteligente. Un océano de sabiduría con un centímetro de profundidad. Una senda rápida hacia las suertes económicas de Bolivia o Nicaragua.

Soy consciente de que para un candidato con estas aburridas e ilusas ideas socialistas mercantilistas, al estilo del preso Pedro Castillo, las ideas se esconden. El candidato estaría acostumbrado a operar bajo el patronaje de Antauro y Vladimir. No le debe sorprender que eso de aspirar a un Perú mejor le suene a ridículo y hasta a una blasfemia. 

Recuérdelo. Para estos puntos de vista, la riqueza para las mayorías es mala. El gasto estatal siempre es justiciero, social, diáfano y eficaz. Aunque tres décadas de estimados de gobernanza contrasten sistemáticamente todo lo contrario. Ergo, todo su planteamiento económico puede resumirse en su aburrido ABC. 

En primer lugar, el notable éxito del BCR derrotando un fenómeno tan destructivo como la inflación, resultaría algo irrelevante. Dejando de lado una serie de iniciativas que no podrá cumplir, por la carga fiscal que recibe de su socio Balcázar, su gobierno en materia económica se caracterizaría por su afán de cambiar las reglas y gastar a costa de los privados. Un panorama que se complica por lo anterior y por su condición de gobernante piñata. Gobernante débil cuyo origen es una elección espuria. Nótese que el Sánchez el peruano llegaría al poder sobre una base económica inflacionaria estable.

Pero para la mentalidad de sus pares de izquierda regional –Evo, Maduro, Cristina, Sheinbaun u Ortega– eso de que el Banco Central de Reserva del Perú haya tenido éxito ofertando una inflación baja, es algo que debe superarse. Su prioridad sería redistribuir, no combatir la pobreza ni defender la estabilidad. Y justamente esta es su mayor complicación. 

 

Pero, a mayor inflación… mayor pobreza 

Para Sanchez y su equipo, debe priorizarse –disques– la lucha contra la desigualdad desde la burocracia. Un poquito de inflación resulta más que justificado. ¿Cómo? Facilito. Regalando créditos, quebrando la disciplina fiscal, quemando demagógicamente las Reservas Internacionales depositadas en el Banco Central o emitiendo para manipular el precio de dólar local, serían solo políticas justicieras. Pero solamente con él y su entorno cercano, por supuesto. Porque la inflación es un fenómeno regresivo (ver Figura Dos). Y es que los izquierdistas en nuestra región aman a los pobres. Viven de ellos. Por ellos construyen usualmente una fábrica de dos pisos. Mayor pobreza vía el canal inflacionario y vía el canal constitucional (léase, depresor a la inversión privada). Con ello sobre la mesa, la pobreza es solo una consecuencia como muestra el gráfico aludido.

Este sería solo un piso del pabellón de creación de pobres en la fábrica de los filo senderistas. El siguiente paso sería complementariamente destructor: el regreso a una Constitución Política similar a la espuria constitución velasquista. A través de ella, se introduce un marco institucional con controles de precios superpuestos, subsidios masivos, expropiaciones, y todo tipo de barreras mercantilistas. Ergo, mucho menor crecimiento económico desde la burocracia.

Otro velascato (ver figura Tres) a modo de un abierto retorno al estatismo, la inestabilidad nominal y la pobreza masiva. Con tasas de inversión neta negativas y con dos tercios de la población cayendo debajo de la línea de pobreza.

Con los antecedentes regionales y los de su mentor, el golpista Pedro Castillo, aquí no habrá sorpresas para nadie. Salvo para el selecto. Transitar hacia el estatismo comunista –que roba y abusa–, el también régimen de Antauro y Vladimir no tendrá un futuro tan suave como el que tuvo la hedionda dictadura velasquista. Dibujará un infiernillo económico para los más pobres. Solo que, más pronto de lo que algunos creen, habrá que tratar de caminar en busca del tiempo perdido, a lo Marcel Proust. Otra vez.

Carlos Adrianzén
06 de mayo del 2026

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