Silvana Pareja

El nuevo mapa político de América del Sur

La región necesita reformas serias, sostenibles y técnicamente bien diseñadas

El nuevo mapa político de América del Sur
Silvana Pareja
26 de junio del 2026

 

América del Sur está dando un giro político que no puede entenderse únicamente como un cambio de etiquetas ideológicas. Lo que hoy se observa en la región es, sobre todo, una reacción ciudadana frente al desgaste de gobiernos que prometieron inclusión, pero no lograron resolver problemas esenciales: inseguridad, bajo crecimiento, informalidad, inflación, corrupción y deterioro de los servicios públicos.

La coyuntura actual muestra un avance de liderazgos de derecha, centroderecha o corte liberal en países clave. Argentina consolidó el respaldo a Javier Milei tras las elecciones legislativas; Ecuador ratificó a Daniel Noboa; Chile inició una nueva etapa con José Antonio Kast; Bolivia dejó atrás dos décadas de predominio del MAS con Rodrigo Paz; Colombia acaba de elegir a Abelardo de la Espriella; y el Perú ingresa a una etapa marcada por el triunfo ajustado de Keiko Fujimori y una profunda polarización política.

Este nuevo ciclo no nace de la casualidad. La ciudadanía parece haber agotado su paciencia frente a modelos estatistas que, en nombre de la justicia social, terminaron atrapados en burocracia, clientelismo o incapacidad de gestión. El mensaje electoral es claro: las personas quieren orden, seguridad, empleo y estabilidad. Quieren gobiernos que resuelvan, no discursos que justifiquen el fracaso.

Sin embargo, el giro regional no debe confundirse con un cheque en blanco. Los nuevos gobiernos enfrentarán una tarea difícil: demostrar que el libre mercado, la inversión privada y la disciplina fiscal pueden traducirse en bienestar real. No bastará con reducir impuestos, ordenar las cuentas públicas o atraer capitales si esos cambios no llegan a la vida cotidiana de las familias. El crecimiento debe sentirse en mejores salarios, más empleo formal, servicios públicos eficientes y oportunidades para los jóvenes.

La seguridad será otro eje decisivo. El avance del crimen organizado, la extorsión, el narcotráfico y la violencia urbana ha convertido el orden interno en una prioridad regional. Pero la mano firme debe ir acompañada de inteligencia policial, reforma penitenciaria, control fronterizo y respeto institucional. América del Sur no necesita autoritarismo; necesita Estados capaces de hacer cumplir la ley.

El gran desafío será evitar que esta nueva etapa se convierta en una simple reacción contra la izquierda. La región no puede pasar del populismo estatista al populismo punitivo o fiscal. Necesita reformas serias, sostenibles y técnicamente bien diseñadas. También necesita políticos capaces de construir mayorías, dialogar y sostener los cambios más allá de un periodo presidencial.

América del Sur tiene recursos, talento y ubicación estratégica para crecer. Pero sus ventajas solo serán útiles si se recupera la confianza: confianza de los inversionistas, de los emprendedores y, sobre todo, de los ciudadanos. La oportunidad está abierta. Si los nuevos liderazgos logran combinar libertad económica, seguridad, institucionalidad e inclusión social, la región podría iniciar una etapa de crecimiento más estable. Si fracasan, el péndulo político volverá a moverse, una vez más, impulsado por la frustración.

Silvana Pareja
26 de junio del 2026

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