Omar Noriega

La cuenta pendiente del servicio a la patria

Sobre la realidad económica del personal militar

La cuenta pendiente del servicio a la patria
Omar Noriega
14 de agosto del 2026

 

En el año 2003, siendo Capitán y de servicio como Capitán de Día, observaba junto al Oficial de Guardia a un grupo de jóvenes premilitares trotando frente al cuartel y, al cuestionarlo sobre su pensamiento, el oficial pronunció una reflexión que definió el destino de nuestra vocación: Nada, mi Capitán. Solo me preguntaba si sabrán que, cuando ingresen, van a vivir de préstamo en préstamo”. La frase sintetiza la cruda realidad económica que atraviesa el personal militar durante sus años de mayor productividad, entre los 20 y 40 años: una vida signada por privaciones y el constante sorteo de la estrechez financiera.

Absortos por la vocación, jamás cuestionamos la falta de pagos por las inagotables guardias de 24 horas cumplidas cada cuatro o cinco días —y extendidas a los fines de semana—. Tampoco exigimos asignaciones por el alejamiento familiar durante los despliegues a zonas de emergencia por períodos de dos años, repetidos constantemente. En esos parajes remotos envejecíamos tres años por cada año calendario, desgastados por la tensión del combate y la responsabilidad de liderar bajo fuego. Cargamos soldados amputados por minas y heridos por ráfagas, sabiendo que ese destino pudo ser el nuestro.

Los cambios de colocación nos llevaron a Puestos de Vigilancia en la Amazonía, o a lugares donde nadie iría si no fuera por obligación, viviendo en aislamiento absoluto o parcial durante meses, donde el rugido del helicóptero era el único atisbo de civilización. Al ser solteros, los cuarteles viejos fueron nuestro único refugio; de casados, la falta de villas o escuelas imponía la dolorosa decisión de separar a la familia, duplicando presupuestos con un solo ingreso. Así nacía el vía crucis donde los préstamos bancarios se volvían tan inherentes al soldado como los mismos borceguíes.

El cuerpo pagó un tributo altísimo. En lo personal, contraje uta en el VRAEM y sobreviví a tres devastadores esquemas de tratamiento de alta toxicidad. Sufrí malaria en Amazonas, dengue en Piura y, al mando de unidades, enfrenté el covidn tres ocasiones recogiendo fallecidos y manteniendo el orden; pero tuve suerte: al menos sigo acá, otros no la tuvieron y murieron cumpliendo su deber. A esto se sumaba el agotamiento diario: jornadas que iniciaban a las 06:00 horas, seguidas por la orden recurrente de “Nadie se retira” como preludio de marchas, inspecciones, desfiles y desplazamientos para afrontar desastres allí donde solo van los voluntarios. El entrenamiento con armas, explosivos y el desgaste articular en la pista de combate bajo la consigna de “sudar en la paz para no sangrar en la guerra” se aceptaba sin protesta.

Nunca exigimos riqueza; acudimos adonde nadie quiso ir para resolver los problemas que nadie más podía solucionar, a cambio de una sola garantía implícita del Estado: una vejez digna mediante la pensión renovable. Por ello, resulta indignante que instituciones como el Colegio de Economistas del Perú pretendan demandar la inconstitucionalidad de la restitución de este derecho amparándose en la sostenibilidad fiscal, tratando como un gasto corriente la única compensación diferida para quien arriesgó la vida por la República.

Si se busca equiparar al militar con cualquier régimen laboral bajo el argumento de la paridad, exijamos una contabilidad integral:

  • Moneticen y paguen más de 30 años de guardias de 24 horas, incluidas aquellas de los fines de semana.
  • Otorguen una asignación equivalente al SERUM por cada día desplegado en zonas de menor desarrollo o fronteras.
  • Financien los alquileres y gastos de estancia en lugares alejados.
  • Paguen el riesgo de vida asumido por cada día desplegado en zonas de emergencia a nivel nacional y por la manipulación y uso de artículos peligrosos (armas y explosivos de combate).
  • Moneticen y paguen el trabajo nocturno, horas extras, viáticos y el desgaste físico y mental acumulado cada vez que se decide el empleo militar fuera de las horas estipuladas por ley.

Abran el libro contable, sumen todos esos pasivos laborales diferidos históricamente al militar y recién entonces debatan la pensión renovable. Mientras no se cuantifique el costo del activo más valioso de la patria —sus defensores—, anular esa restitución no es rigor fiscal: es una negligencia conceptual y un intento deliberado por borrar esa deuda de un plumazo.

Omar Gonzalo Noriega Ramírez. Coronel EP (R). Maestro en Estudios Estratégicos. Consultor Estratégico. Investigador Senior – Centro de Estudios Geopolíticos y de Seguridad Nacional (Cegesen).

Omar Noriega
14 de agosto del 2026

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