Guillermo De Vivanco
¡Qué vergüenza!
El ausentismo que inclinó la balanza electoral
La libertad, la democracia y la patria siempre han exigido sacrificios. Miles de peruanos entregaron su vida para defender la soberanía nacional frente a invasiones extranjeras y, décadas después, el país sufrió la violencia del terrorismo senderista, que asesinó campesinos, hizo estallar coches bomba en las ciudades y secuestró y torturó a ciudadanos inocentes.
Se creyó ingenuamente que la captura de los líderes terroristas significaba el final de la amenaza. Sin embargo, el propio Abimael Guzmán advirtió, tras su captura, que la estrategia cambiaría. El fracaso de la lucha armada dio paso al copamiento de instituciones, universidades y espacios de influencia política y cultural. La consigna pasó a ser utilizar la democracia para debilitarla desde dentro.
En este contexto, el reciente proceso electoral ha dejado profundas dudas y cuestionamientos. Las irregularidades denunciadas, especialmente en Lima, afectaron el normal desarrollo de la jornada. Miles de ciudadanos abandonaron los centros de votación debido a la demora en la instalación de mesas, situación que compromete directamente la responsabilidad de la ONPE y, en última instancia, del Jurado Nacional de Elecciones.
No obstante, más allá de las críticas a las autoridades electorales, existe un hecho político difícil de ignorar: el elevado ausentismo en los distritos donde la centro derecha obtuvo su mayor respaldo electoral. Los cuatro distritos más pudientes de Lima —San Isidro, Miraflores, Surco y La Molina— suman 594 mil electores habilitados. De ellos, 172,000 no acudieron a votar.
Los resultados en esos distritos fueron contundentes. Sumados los votos de Rafael López Aliaga y Roberto Sánchez, Renovación Popular obtuvo 246,682 votos frente a apenas 4,069 de Juntos por el Perú. Esto equivale a un 98.37% para López Aliaga y un 1.63% para la candidatura de Sánchez.
Si se proyectan esos mismos porcentajes sobre los 172,000 electores ausentes, López Aliaga habría obtenido aproximadamente 169,196 votos adicionales, mientras que Juntos por el Perú apenas habría sumado unos 2,804 votos más. Considerando que la diferencia oficial entre ambos candidatos fue cercana a 21,000 votos, resulta evidente que el ausentismo tuvo una incidencia decisiva en el resultado final.
El problema, por tanto, no puede reducirse únicamente a cuestionamientos contra los organismos electorales. También existe una responsabilidad ciudadana. En democracia, abstenerse de votar no es un acto neutro cuando están en juego proyectos políticos antagónicos y definiciones trascendentales para el país.
Por ello, el llamado debe dirigirse especialmente a aquellos sectores que, teniendo mayores facilidades y recursos, optaron por no participar. La apatía política y la indiferencia también tienen consecuencias. Es inadmisible y vergonzoso el ausentismo, ya que tiene mucha mayor relevancia que seguir señalando a Corvetto como único responsable .
















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