Globalización

La lucha de Rodrigo Paz contra el boicot de la izquierda boliviana

El gobierno democrático resiste y avanza en medio de un campo minado

La lucha de Rodrigo Paz contra el boicot de la izquierda boliviana
  • 06 de agosto del 2026


Rodrigo Paz llegó al Palacio Quemado con la promesa de romper dos décadas de estatismo económico. Apenas seis meses después, tuvo que enfrentar bloqueos, marchas y un país al borde de la asfixia cambiaria. La crisis de mayo de 2026 no fue un accidente ni una simple protesta social espontánea. Fue la explosión de una bomba que el Movimiento al Socialismo (MAS) llevaba años armando y que el nuevo Gobierno tuvo que desactivar con las manos casi vacías.

El diagnóstico económico recibido por Paz es brutal. El Banco Central de Bolivia confirma que la inflación cerró 2025 en 20.4%, la cifra más alta del siglo en el país, impulsada por el colapso de las reservas de dólares y el encarecimiento sostenido de los carburantes importados. El propio ente emisor proyecta que el indicador bajaría a 15.8% en 2026. Es una mejora relativa, pero todavía muy lejos de cualquier escenario de estabilidad. Mientras tanto, el Banco Mundial pronostica que la economía boliviana se contraerá 3.2% este año, después de haber caído 1.6% en 2025, convirtiendo a Bolivia en el único país de Sudamérica en recesión.

Pero el dato que permite comprender por qué las calles bolivianas ardieron en mayo es el desplome de las reservas internacionales. En marzo, las reservas internacionales líquidas se redujeron casi 85% en cuestión de días, dejando apenas decenas de millones de dólares disponibles frente a obligaciones externas que superan los US$ 7,500 millones para este año. La consecuencia es evidente: sin dólares no hay combustible, y sin combustible se paralizan el transporte, la agricultura y el abastecimiento. Ese fue el fósforo que encendió la crisis.

Sobre ese terreno fértil para el descontento, el evismo socialista no tardó en actuar. Sectores organizados afines a Evo Morales lanzaron una marcha “para salvar Bolivia” desde Caracollo hasta La Paz, la tercera de ese tipo en cuatro años. Sus dirigentes llegaron a plantear la movilización de medio millón de personas para cercar la sede del Gobierno. El propio vocero presidencial denunció que detrás de estas movilizaciones existía una intención de desestabilización y no únicamente demandas sindicales.

La estrategia era evidente: aprovechar el malestar legítimo de transportistas, campesinos y maestros golpeados por la inflación para convertirlo en una ofensiva política contra un Gobierno que apenas llevaba seis meses en el poder. El problema económico era real, pero también lo era la oportunidad política que el evismo encontró en él.

Rodrigo Paz logró contener la crisis mediante una combinación de negociación sectorial, ajustes puntuales en los subsidios y, cuando el diálogo se agotó, un estado de excepción focalizado para desbloquear las carreteras. Fue una salida pragmática, pero también puso en evidencia la fragilidad de su base política. El Gobierno perdió aliados legislativos, sufrió renuncias en su gabinete y hoy dispone de un margen de maniobra menor que el que tenía al asumir.

Allí se encuentra el verdadero desafío para Paz como líder de centro-derecha. Sobrevivir a la crisis de mayo no equivale a haberla ganado. El Gobierno necesita construir autoridad política y demostrar que puede conducir una transformación económica en condiciones extremadamente adversas.

Para ello deberá enfrentar tres tareas simultáneas. La primera es reconstruir las reservas internacionales mediante una verdadera disciplina fiscal y no mediante parches monetarios. La segunda consiste en reducir de una vez la dependencia de las importaciones de combustible subsidiado que continúa drenando las arcas públicas. Y la tercera es enfrentar sin ambigüedades la maquinaria política del evismo, que continúa funcionando como un partido en la sombra dentro del movimiento social boliviano.

Ninguna de estas tareas será sencilla. El deterioro económico acumulado durante años no puede revertirse de un día para otro, y cualquier reforma que afecte subsidios o reduzca el gasto público generará resistencias. Pero precisamente por eso el Gobierno necesita explicar al país la magnitud de la crisis y sostener una dirección clara.

Bolivia no necesita administrar indefinidamente la emergencia. Necesita recuperar estabilidad, reconstruir sus finanzas y devolverle al Estado capacidad para gobernar. Si Paz confunde la tregua con una victoria, la próxima marcha “para salvar Bolivia” no tardará en anunciarse. El país necesita un Gobierno que ordene la casa antes de que otro incendio vuelva a ponerla en jaque.

  • 06 de agosto del 2026

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