Editorial Política

Victorias de las centro derechas en Perú y Colombia, pero hay miles de interrogantes

Reflexiones sobre las batallas ideológicas que se avecinan en la región

Victorias de las centro derechas en Perú y Colombia, pero hay miles de interrogantes
  • 23 de junio del 2026


El triunfo de Abelardo de la Espriella en Colombia, por 265,000 votos sobre Iván Cépeda, y el triunfo de Keiko Fujimori sobre Roberto Sánchez en Perú, por más de 40,000 votos, representan una enorme noticia para el continente, sobre todo para la afirmación del Estado de derecho y las libertades políticas y económicas en la región. Y si a estos hechos le sumamos los cambios iniciados en Venezuela luego de la captura y procesamiento de Nicolás Maduro y el viraje inevitable que se produce en Cuba –incluso con reformas abiertas pro mercado– es inevitable sostener que Hispanoamérica, América Latina, avanza hacia nueva época que le podría permitir recuperar, como se dice, el tren de la historia.

Algo más. Colombia es el primer productor de cocaína del planeta y ha estado amenazada por más de medio siglo por una narcoguerrilla terrorista y el Perú es el segundo productor de cocaína del planeta y suele ser un escenario especial en la lucha contra el narcotráfico. En ese contexto, las victorias electorales de la centro derecha en ambos países organizan el escenario ideal para consolidar una alianza geopolítica y militar con los Estados Unidos que, inevitablemente, pasa por la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo internacional.

Sin embargo, luego de estos apuntes optimistas, vale aterrizar en el inevitable realismo. El triunfo de De la Espriella por un margen tan dramático luego del gobierno de Gustavo Petro, uno de los más desastrosos de la historia de Colombia –en alianza directa con las guerrillas narcoterroristas, con intentos estatizadores en pensiones y salud, que han paralizado las inversiones y la expansión del PBI–, es extremadamente preocupante. Igualmente, el triunfo agónico de Fujimori –no obstante los gobiernos de izquierda de Martín Vizcarra, Francisco Sagasti, Pedro Castillo, Dina Boluarte–, nos revela que la izquierda puede gobernar, puede desorganizar un país, pero finalmente cuenta la historia de los hechos y los electores parecen allanarse.

Celebremos los triunfos en Perú y Colombia, pero es hora de una reflexión de fondo sobre la situación de las centro derechas en la región.

El análisis economicista suele señalar que las centro derechas han perdido las fuerzas de antaño porque no han desarrollado reformas de segunda generación y solo se han quedado con las primeras reformas que desmontaron los estados populistas. Es una gran parte de la verdad. Nadie lo puede negar. Finalmente, los países del sudeste asiático lograron el desarrollo luego de consolidar sus instituciones sobre la base de la desregulación de la economía y la sociedad, después de resolver los problemas de sus infraestructuras y luego de lanzar las reformas más audaces en educación y salud para desarrollar una fuerza laboral saludable, educada e innovadora de cara a la IV Revolución industrial. En otras palabras, luego de reformas de segunda generación.

Todo lo anterior es verdad. Pero ¿por qué, incluso, con gobiernos de derecha en el poder no se pueden materializar estas reformas? Por una sola razón: Porque la izquierda cuenta las historias, redacta las fábulas y las narrativas. Sucede en el Perú, Colombia, Chile y Argentina. Por ejemplo, es imposible desarrollar una reforma laboral que establezca la plena flexibilidad laboral en los contratos de trabajo –tal como sucede en los países con pleno empleo– si la narrativa predominante en la vida pública, en los medios y los partidos y políticos se basa en la idea marxista acerca de que el trabajador es explotado por el empresario. Imposible, entonces, desarrollar una reforma laboral como lo hicieron los llamados Tigres de Asia.

Los apuntes para la reforma laboral valen para la democracia, para la minería o cualquier actividad económica en la que la izquierda neomarxista, los llamados sectores progresistas, se han encargado de fabular y relatar la historia y la política. Un solo ejemplo revelador: en el Perú la izquierda construyó el cielo y el infierno a través del antifujimorismo y el fujimorismo; en Colombia, a través del antiuribismo y el uribismo; y en Chile, a través del antipinochetismo y pinochetismo. Esas fábulas fueron tan poderosas, tan eficaces, que llevaron al poder a varios esperpentos de izquierda: Pedro Castillo, Gustavo Petro y Gabriel Boric.

El problema de las reformas de la centro derecha, entonces, no es económico ni técnico. Es cultural y civilizacional. Las derechas tienen que entender la economía como parte de una lucha para defender una civilización. Deben entender que si las reformas de segunda generación no prosperan en la región es porque las narrativas han construido murallas contra esos procesos. Deben entender que los pueblos no solo comen pan, sino también relatos. 

Se ha ganado en la región, pero la agonía continúa sin reforma cultural, sin apuesta por un modelo civilizatorio.

  • 23 de junio del 2026

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