Un sector de analistas y opinólogos suele sostener que en la pr...
Cuando el candidato Jorge Nieto llamó a votar viciado al sector de votantes de la clase media limeña que lo había encumbrado como un protagonista político –no obstante que el señalado sector tiembla de miedo por la posibilidad de una izquierda radical– emergió el militante antifujimorista, el fundamentalista del antivoto en el Perú. Algunos confundidos en la derecha se sorprendieron de la conducta de Nieto a favor del desgobierno. Sin embargo, el arequipeño ha sido un fundamentalista antifujimorista a lo largo de toda su carrera.
En este portal podemos narrar una anécdota al respecto: cuando Nieto regresaba al Perú de un exilio dorado en México fue invitado a escribir en el portal El Montonero y lo hizo por un tiempo hasta que un día Kenji Fujimori publicó algunos artículos en esta plataforma. Nieto se retiró de este portal siguiendo las revelaciones de su fe profana. Igualmente, cuando Nieto juramentó como ministro solicitó que se retirara el crucifijo católico. La idea de destruir las tradiciones religiosas de una sociedad es una clave de cualquier estrategia de deconstrucción, una de las herramientas del neomarxismo. Por otro lado, Nieto se alineó con la posición bolivariana en contra de una alianza geopolítica y militar con los Estados Unidos, señalando que la compra de los F-16 era “un virtual golpe de Estado en contra de José María Balcázar”.
A pesar de todas estas montañas ideológicas de Nieto algunos se sorprendieron, incluso en las élites de la derecha, acerca de su llamado al voto viciado, un verdadero caballo de Troya a favor del eje bolivariano. Felizmente, luego de estas incursiones ideológicas, es difícil que Nieto recupere el predicamento, ahora convertido en el mejor aliado de Roberto Sánchez.
¿Por qué esta pequeña semblanza sobre Nieto que más bien debería pertenecer a la anécdota política, a una página inesperada de la cronología? Porque ilustra en que se ha convertido la religión antifujimorista que justificó una de las persecuciones políticas más brutales de líderes anticomunistas en América Latina (Alan García, Keiko Fujimori y Luis Castañeda Lossio). El antifujimorismo es una religión porque se basa en creencias, en verdades al margen de la historia y de los hechos y no entiende de razonamientos y vínculos con la realidad. Y esta religión puede afectar a profesionales medianamente ilustrados como Nieto y académicos de universidades de Estados Unidos como Steven Levitsky o políticos locales como Antauro Humala, Iber Maraví y Roberto Sánchez y a amplios sectores de la sociedad.
La religión antifujimorista es la única explicación para que políticos como Ollanta Humala, Martín Vizcarra y Pedro Castillo llegaran al poder. La elección del profesor de Chota, no obstante que era el peor candidato de la historia republicana, reveló cómo la sociedad se había enfermado con la religión antifujimorista.
En la fe antifujimorista hoy se sostiene que si Keiko Fujimori gana “ella se atornillaría en el poder”, no obstante que Keiko es la única política que aceptó esta legalidad que proviene de la Constitución y el Estado de derecho, incluso en las expresiones más feroces de abuso: fue encarcelada tres veces como si se quisiera castigarla por las tres veces que participó en una segunda vuelta y soportó 500 días de reclusión sin siquiera pensar en la posibilidad de un asilo. Se habría asilado en cualquier país.
La revelación profana del antifujimorismo sostiene que esta tesis se fundamenta en su pasado. ¿Cuál pasado? ¿Acaso el pasado tiene una carga genética? ¿Una hija debe pagar o asumir cualquier error del padre? En el evangelio antifujimorista hay una profunda carga racista.
El único pasado de Keiko puede ser la guerra fratricida que se escenificó entre fujimoristas y pepekausas luego de las elecciones del 2016; sin embargo, la candidata del fujimorismo ha reconocido cualquier error de cara al país reuniéndose con PPK y solicitando las respectivas disculpas. Un acto que revela la grandeza y la madurez que forja la persecución política más brutal.
La diferencia de las religiones profanas con las sagradas es que las últimas están validadas por siglos y milenios de tradiciones. Por ejemplo, sobre la influencia moral de los diez mandamientos que recibió Moisés se han redactado las mejores constituciones y códigos de la historia de la humanidad y se han alcanzado los mayores espacios de libertad en la historia universal.
Muy por el contrario, con las religiones profanas el pícaro se vuelve decente, el apenas leído aparece como intelectual e, incluso, un personaje como Castillo puede ser elegido jefe de Estado. De allí la enorme importancia de votar por Keiko Fujimori en la segunda vuelta, la única manera de acabar con esta guerra de religiones que perpetró el antifujimorismo y bloquea al Perú.
VÍCTOR ANDRÉS PONCE
















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