Una de las conclusiones preliminares que se puede establecer luego de ...
Ante el inminente triunfo de Keiko Fujimori de Fuerza Popular y su proclamación como presidente de la República, el candidato Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, acaba de anunciar movilizaciones populares argumentando que “el voto andino se va a respetar”. Agrega que “el voto es sagrado” y solicita apoyo a la comunidad internacional. En otras palabras, Sánchez anuncia "una tercera vuelta" con las vanguardias comunistas radicalizadas intentando convertir a "la calle" en protagonista de los comicios nacionales.
Una de las preguntas que emerge luego de estas declaraciones es, ¿cuántos tipos de voto existen en el Perú y cuál es el valor de esas "clases de sufragios" según el candidato del radicalismo? ¿Acaso el voto de un peruano de la costa no es igual al de uno de los Andes o de la selva? ¿Qué le sucede al candidato desconcertado? ¿Acaso Sánchez ha regresado a promover una república plurinacional integrada por repúblicas andinas, quechuas y aymaras, según el ideario de su socio boliviano, Evo Morales?
De alguna manera las declaraciones de Sánchez revelan un intento de “bolivianizar” la situación del Perú antes de la proclamación de la victoria de Fuerza Popular y la instalación del nuevo gobierno, el próximo 28 de julio. El objetivo táctico del radicalismo es simple: generar una crisis nacional y causar lamentables muertes de peruanos con el objetivo de que se evite la instalación del nuevo gobierno. En este objetivo podrían contar con las inefables irresponsabilidades del gobierno izquierdista de José María Balcázar y todas las argumentaciones sobre un eventual fraude que desarrolló un sector del país en la primera vuelta.
Sánchez con estas declaraciones, y sobre todo luego de su autoproclamación como ganador luego del conteo rápido la noche del domingo pasado, demuestra que siempre formó parte de la coalición radical conformada por Antauro Humala, el etnocacerismo y el Movadef, un movimiento maoísta vinculado a Sendero Luminoso.
En cualquier caso, al parecer, se vienen días tormentosos para el Perú. Sin embargo, los peruanos de buena voluntad, los demócratas, los ciudadanos que pretendemos vivir en una situación plural y en libertad, debemos entender que la lucha contra el radicalismo comunista, con las fuerzas extremistas que promueven una asamblea constituyente, nunca será un paseo en cualquier día de primavera. Únicamente basta mirar la lucha de los demócratas chilenos, españoles, los ciudadanos que recuperaron su libertad en Europa del Este y la larga tragedia de los hermanos venezolanos, para entender que la lucha en contra del comunismo se convierte en larga y dolorosa porque, precisamente, ese es el tipo de relación que desarrolla el radicalismo con la política y el poder. El aserto leninista acerca de que “salvo el poder, todo es ilusión” no es una frase que de tanto repetirse se ha vuelto graciosa, sino un verdadero programa, una estrategia y una táctica auténticas.
Por otro lado, tenemos que decirlo de una vez por todas, los pueblos que viven en libertad, en pluralidad, son aquellos que han defendido sus derechos e instituciones a pie firme frente a la amenaza comunista. Aquellas sociedades que no lo hicieron se derrumbaron en una pendiente de persecución y miseria, tal como sucedió en Venezuela.
Si Sánchez se embarca en esta estrategia antidemocrática que denunciamos, quienes apoyaron a Juntos por el Perú y llamaron a votar viciado, supuestamente para evitar los extremos de una polarización, deberán desarrollar una profunda reflexión. A menos que decidan embarcarse en la eventual estrategia del candidato de la izquierda radical.
















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