Herberth Cuba
Fragmentación informática en salud y el Plan Nacional de Telesalud
La fragmentación tiene un impacto negativo en la investigación
El 27 de marzo ha sido promulgada la Resolución Ministerial 293-2026/Minsa que aprobó el documento técnico Plan Nacional de Telesalud 2026, con la finalidad de contribuir con el acceso equitativo y oportuno a los servicios de salud. El documento técnico señala que el presupuesto destinado es insuficiente, lo que tiene un impacto desfavorable en la capacidad de adquirir equipamiento tecnológico, brindar capacitación continua y especializada al personal, así como en el mantenimiento y actualización de la infraestructura tecnológica, que garantice la operatividad y la seguridad del funcionamiento de los servicios de salud.
La limitada o escasa inversión en Telesalud “restringe no solo su alcance y potencial, sino también mantiene la desigualdad de acceso a la atención en salud entre la población”. El monto asignado asciende a S/ 41.9 millones para el 2026, para cubrir las sesenta actividades previstas durante este año. Casi la mitad corresponde a cada semestre. Sin embargo, el retraso en la aprobación del Plan es un factor que influye negativamente en la ejecución presupuestal, debido a que no existe una partida presupuestal exclusiva para Telesalud, sino partidas provenientes de múltiples inversiones. Adicionalmente, existe financiamiento de la cooperación japonesa, mediante el Proyecto Koica, por US$ 3.5 millones, cuya ejecución culmina este 2026.
Un aspecto para resaltar es que, durante los últimos cinco años, el financiamiento asignado ha sido muy bajo, por ejemplo, en 2021 ha sido de 12.8 millones, 8.5 el 2022, 19.8 en 2023, 7.8 el 2024 y 38 a 42 millones el 2025 y 2026. Del total del monto asignado durante los últimos cinco años, se ha dejado de ejecutar entre 15 y 20 millones, es probable que haya sido reorientado a otros gastos “urgentes” del Ministerio de Salud (Minsa), como emergencias, dengue, entre otras prioridades. Cuesta creer que se haya devuelto dinero.
Un segundo aspecto es que el Plan resalta la concentración del financiamiento en cuatro ejes, que según el Plan “están alineados al Plan Estratégico Institucional (PEI) 2025-2030 y a las Redes Integradas de Salud ". El primero es el fortalecimiento de infraestructura y conectividad, el segundo en el desarrollo de la integración de plataformas, por ejemplo, entre Teleatiendo y el Sistema de Historia Clínica Electrónica (Sihce). El tercero es la capacitación masiva de personal y el cuarto son las asistencias técnicas y monitoreo regional.
Un tercer aspecto, es la fragmentación informática al interior del propio Minsa y con otros sectores que forman parte del Sistema Nacional de Salud. En ese sentido, la integración es un proceso “progresivo y heterogéneo” que por mandato legal se basa en la Historia Clínica Electrónica única e interoperable y con estándar internacional adoptado por el Perú, Fast Healthcare Interoperability Resourses (FHIR), mediante Resolución Ministerial 164-2025/Minsa. Para dicho fin se han logrado avances, por ejemplo, se ha oficializado la Guía FHIR que se encuentra en desarrollo, se ha realizado el 2025, un evento exitoso denominado Conectatón, con la finalidad de realizar una prueba de concepto de interoperabilidad, se ha impulsado la obligatoriedad progresiva de la acreditación del Sihce con interoperabilidad FHIR, y se han señalado vocabularios controlados y de cifrado. Sin embargo, los sucesivos cambios de autoridades han frenado ese proceso, y han continuado con el esfuerzo de maximizar el uso del papel o de sistemas informáticos locales no interoperables.
Un cuarto aspecto es que, según normas aprobadas, a diciembre del 2025, por lo menos el Primer Nivel de Atención de salud de Lima Metropolitana debería usar la Historia Clínica Electrónica a cabalidad. El proceso se frenó y casi se abandonó desde noviembre del 2025. Lo grave, es que esos retrocesos desmotivan al personal que ya se encuentra en proceso de entrenamiento y cambio de mentalidad. Además, a contracorriente del proceso en curso, se promovió el uso de la plataforma Teleatiendo para realizar telemedicina, fortaleciendo la fragmentación informática en salud. Esta promoción ha generado un sinfín de recetas, actos médicos o de salud que no están plasmados en la Historia Clínica Electrónica, sin el consecuente respaldo legal, que ordena la obligatoriedad de su uso.
Un quinto aspecto es que no se ha avanzado en la integración con el Sihce de las plataformas, como Teleatiendo, One Visión de Cajamarca, el SIS (FUA), los sistemas de notificación epidemiológica del CDC, como NotiWeb, SiEpi, entre otros. Es decir, en la implementación del sistema único de registro para cada paciente o usuario, con el flujo automático de datos, hacia la vigilancia epidemiológica o de salud, hacia la facturación con el Formato Único de Atención (FUA) del Seguro Integral de Salud o hacia los sistemas de gestión u otros. Es obvio, que la unificación informática del propio Minsa redunda, no solo en la mejora de la atención de los pacientes, sino, que contribuye a la integración informática y prestacional del Sistema Nacional de Salud.
Un sexto aspecto, es que los funcionarios de la Alta Dirección del Minsa aún no han comprendido que la fragmentación informática consolida la fragmentación del propio Minsa y del Sistema Nacional de Salud, más aún cuando el Minsa es su ente rector. No toman en cuenta que la fragmentación, en primer lugar, genera duplicidad de registros y aumenta la carga administrativa de los profesionales de la salud. Encima, se generan errores en la digitación en las transcripciones, se pierden atenciones y reembolsos, o, por último, se impide el ejercicio del derecho a la portabilidad de la historia clínica del usuario o paciente.
En segundo lugar, la fragmentación informática impide la creación de una visión única del paciente y la continuidad de los cuidados. Por ejemplo, un paciente atendido por la plataforma Teleatiendo, no encontrará descrita su atención en la Historia Clínica Electrónica. Se pierden registros de importancia clínica, así como, del seguimiento longitudinal y por curso de vida del paciente.
En tercer lugar, la fragmentación crea ineficiencia en la vigilancia epidemiológica y de salud, debido a que el Centro Nacional de Epidemiología, Prevención y Control de Enfermedades (CDC) opera con herramientas paralelas, cuyas fuentes no son auditables, porque no salen del registro existente en una Historia Clínica Electrónica. La fragmentación, retrasa la detección de brotes, como sarampión, y debilita la rectoría del Minsa.
En cuarto lugar, la fragmentación aumenta el riesgo de seguridad y de brechas de privacidad de los datos personales de los usuarios o pacientes. Es decir, aumenta el riesgo de filtraciones de datos sensibles del paciente y pone en tela de juicio el rol del Minsa, que manda la Ley, en la Protección de Datos Personales.
En quinto lugar, la fragmentación tiene un impacto negativo en la investigación, en las estadísticas y en la toma de decisiones. No es posible realizar análisis confiables porque los datos y la información están dispersas y desactualizadas. Por tanto, también se afecta la planificación del Sistema Nacional de Salud y, sobre todo, la respuesta ante emergencias sanitarias.
El Plan Nacional de Telesalud, con un financiamiento similar al del 2025, debe enfocarse en la eliminación de la fragmentación informática, sobre la base de la Historia Clínica Electrónica única e interoperable. Además, se debe continuar con lo avanzado en la interoperabilidad con EsSalud, las Sanidades Militares y la Sanidad Policial, el sector privado y otros. La Alta Dirección del Minsa debería estar involucrada, por ejemplo, con los preparativos del Conectatón 2026 y con una mayor asignación presupuestal para el 2026 y el 2027. ¡Alto a la fragmentación informática en Salud!
















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